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Al cumplirse cinco años
de los atentados terroristas del 11 de Septiembre, los medios
noticiosos nos ofrecieron cientos de historias relacionadas a este
triste episodio de la historia norteamericana. A mi me llamó mucho
la atención una de ellas, la cual narró lo que ocurrió con una de
las compañías que tenían sus cuarteles generales en las Torres
Gemelas - y la que mas empleados perdió en los atentados. En ese
día, martes, 11 de Septiembre del 2001, se estaban celebrando las
primarias (o elecciones locales) en Nueva York. Esta compañía les
ofreció la alternativa a sus empleados que deseaban ejercer su
derecho al voto, de ir a los colegios electorales en la mañana o
en la tarde. Solamente diez de ellos decidieron ir a votar en la
mañana, por lo tanto se presentaron a trabajar tarde, después que
el primer avión se había estrellado en los pisos donde las
oficinas estaban localizadas, por lo tanto matando o hiriendo a la
gran mayoría de sus compañeros de trabajo. Vean como para estas
personas el tomar una decisión tan simple como ir a votar por la
mañana, o por la tarde, o no votar, tuvo grandes consecuencias en
sus vidas.
Cuando hablamos de tomar
decisiones, usualmente pensamos en grandes decisiones, como que
carrera estudiar, con quien casarse, etc., pero en la vida, aun
decisiones que parecen ser pequeñas o insignificantes, nos pueden
cambiar completamente el curso de nuestras vidas. Les deseo
explicar este punto con otro ejemplo que le ocurrió a una de mis
amistades.
Cuando ellos vivían en
Chicago hace unos 20 años, tenían planeadas unas pequeñas
vacaciones y estaban indecisos sobre si ir de vacaciones a Puerto
Rico, a visitar sus familiares, u Orlando para llevar a sus niños
pequeños a Disney World. Decidieron venir a Orlando, y les gustó
tanto que se mudaron con toda su familia. Hoy en día todos sus
hijos son grandes, se han casado, han tenido hijos y se han
mantenido viviendo en esta área del centro de la Florida. Vean
como una decisión que pareció tan insignificante en aquel tiempo,
como el decidir a donde ir de vacaciones, no solamente influyó en
su futuro, también influyó en sus hijos, ya que estudiaron en
Orlando, conocieron a sus esposos y esposas aquí y se han quedado
a vivir y tener hijos en esta área. Una decisión que aparentó ser
sencilla – el decidir donde ir de vacaciones – pero que trazó en
parte el futuro no solamente de ellos, sino de otras generaciones.
Por esa razón, es
sumamente importante que pidamos a Dios sabiduría y entendimiento
para tomar decisiones, aun las que creamos que son más simples.
Les insto a que mediten por unos minutos y piensen en una
decisión que tomaron hace años, que en aquel momento pareció ser
insignificante, pero ahora al mirar en forma retrospectiva, usted
sabe que le cambió el curso de su vida.
Por eso, el pedir que
Dios nos dirija en nuestra senda de la vida, debe ser parte de
nuestra oración cotidiana. La Biblia nos dice: “Porque tú
(Dios) eres mi Roca y mi castillo; por tu nombre me guiarás y me
encaminarás.” Salmo 31:3. También nos añade
que al pedirle a Dios, El nos mostrara el camino: “Me
mostrarás la senda de la vida….” Salmo 16:
11 y en el Salmo 23:3 nos dice: “(Dios) Confortará mi alma,
me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.”
En resumen, diariamente debemos encomendar a Dios nuestro camino,
y confiar en El y nuestro Dios se encargará de guiarnos en todas
nuestras decisiones, por más pequeñas que aparentemente sean para
nosotros. La Biblia nos dice: “Encomienda a Dios tus obras,
y tus pensamientos serán afirmados.” Proverbios 16:3
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