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Desde algún tiempo, la transición de la corporación multinacional
a la empresa globalmente integrada asume dos formas distintas: la
primera, implica cambios en el lugar donde las compañías producen;
la segunda, en quienes lo hacen. Hasta hace poco, las empresas
elegían en general producir bienes cerca de donde los vendían. En
consecuencia, la mayoría de las inversiones extranjeras se
destinaba a mercados extranjeros específicos. Hoy, las inversiones
en ultramar continúan realizándose con la mira en ganar acceso a
fuentes importantes de demanda externa, pero las compañías
invierten más en cambiar la forma de proveer al mercado global en
su conjunto. La integración global de la producción reduce costos
y abre nuevas fuentes de destrezas y conocimientos.
Así, los signos más visibles de este cambio se ven en China e
India. Según un cálculo, tan sólo entre 2000 y 2003 las empresas
extranjeras construyeron 60,000 plantas manufactureras en China,
algunas de las cuales se orientaban al mercado local, pero otras,
al global. Empresas europeas de productos químicos, fabricantes
japoneses de automóviles y conglomerados industriales
estadounidenses abren (o declaran su intención de abrir) fábricas
en China. De manera similar, bancos, compañías de seguros, firmas
de servicios profesionales y de TI construyen centros de I&D y de
servicio en India como apoyo a empleados, clientes y la producción
en todo el mundo.
Entre tanto, estas normas compartidas brindan opciones a las
empresas para decidir a quién encargan la producción de bienes.
Conforme se extienden las prácticas empresariales compartidas,
junto con modos compartidos de conectar la actividad empresarial,
cada vez es más frecuente que las empresas deleguen en
especialistas externos el trabajo que antes hacían internamente
(desde soporte de oficina, como facturas y administración de
beneficios al personal, hasta I&D, ventas y servicio a clientes).
Sin embargo, estos cambios van mucho más allá de China e India.
Los radiólogos estadounidenses envían radiografías a Australia
para su interpretación. Los centros de servicio a clientes en
Nueva Escocia atienden consultas sobre garantías de consumidores
estadounidenses. Los centros de gestión en Manila procesan
decisiones de compra en nombre de empresas grandes y pequeñas de
todo el mundo. Las oficinas de apoyo en Dublín procesan
transacciones derivadas para bancos de inversión globales. En
Estados Unidos, algunas empresas farmacéuticas y de biotecnología,
como Roche, Boehringer Ingelheim y Eppendorf, construyen centros
de manufactura y de I&D para apoyar la investigación y producción
globales. Los fabricantes de chips, como Samsung e Infineon
Technologies, y empresas productoras de equipo para manufactura de
chips, como Tokyo Electron, contratan ingenieros y conocimientos
estadounidenses para impulsar sus tecnologías de manufactura. Por
todas partes, la actividad económica se abre al exterior, para
adoptar negocios compartidos y normas tecnológicas que permiten a
las empresas conectarse a sistemas de producción verdaderamente
globales.
Hasta ahora, la corporación se veía como una colección de
subsidiarias, unidades de negocios o líneas de producción ubicadas
en países. (La IBM de hace 30 años, por ejemplo, fue en muchos
aspectos una multinacional emblemática. En la década pasada, la
empresa y sus clientes experimentaron cambios estructurales,
operativos y culturales en respuesta a la globalización y la nueva
tecnología.) Ahora, la expansión de la subcontratación a otros
países alienta a las compañías a verse como un conjunto de
componentes especializados: gestión, manufactura, investigación,
ventas, distribución y demás. Para cada uno de estos componentes,
la integración global de operaciones obliga a las empresas a
escoger dónde quieren que se realice el trabajo, y si se lleva a
cabo en lo interno o mediante un tercero. (Procter & Gamble, por
ejemplo, se apoya en especialistas externos en casi todas las
áreas de su negocio.) La corporación, por tanto, se presenta como
una combinación de funciones y capacidades diversas -- algunas
sujetas muy de cerca y otras vinculadas a distancia -- , e integra
estas fases de actividad empresarial y producción sobre una base
global para producir bienes y servicios destinados a sus clientes.
Este sencillo cambio de propósito y misión de la corporación tiene
muchas ramificaciones.
De esta forma, la empresa globalmente integrada requerirá en lo
fundamental distintas formas de encarar la producción, la
distribución y el despliegue de la fuerza de trabajo, lo cual ya
ocurre. Como la nueva tecnología y los nuevos modelos de negocios
permiten a las empresas tratar sus distintas funciones y
operaciones como piezas componentes, las compañías pueden
separarlas y reintegrarlas en nuevas combinaciones, con base en
juicios estratégicos respecto de las operaciones que deseen
destacar y las que les parezcan más apropiadas para sus socios.
Estas decisiones no son sólo cuestión de delegar actividades no
esenciales, ni un mero arbitraje laboral, se refieren a manejar
activamente distintas operaciones, pericias y capacidades para
abrir la empresa en muchas formas, permitiéndole conectarse de
manera más estrecha con socios, proveedores y clientes. El
extraordinario crecimiento de las firmas de servicio que ofrecen
intervención experta especializada, hace esto posible. Por
ejemplo, IMS Health maneja productos para empresas farmacéuticas,
Celestica manufactura equipo electrónico, State Street maneja
activos financieros, Industrial Light & Magic crea efectos
técnicos avanzados para películas, e International Flavors &
Fragrances produce sabores y fragancias para productos de consumo
de otras empresas. Por todas partes hay nuevas formas de
colaboración: desde redes de producción entre compañías cada vez
más complejas hasta el movimiento de software de código abierto,
que ayuda a transformar el modelo tradicional de innovación. Hoy
día la innovación no es dirigida por inventores solitarios en sus
desvanes, sino producto de un proceso de colaboración que también
combina pericia, tecnológica y comercialización. Tales enfoques
abiertos afectan mucho más que el software y la TI: también se
aplican a la educación, el gobierno y muchas industrias.
Seguiremos en la próxima entrega.
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