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Dentro de los Estados Unidos durante la década de 1850 a 1860, la
Singer Sewing Machine Company resolvió cambiar su
estructura
básica de funcionamiento, estableciendo
una red
de concesionarios / vendedores, a quienes se les cobraba una
participación por el derecho a distribuir sus
máquinas
de coser en territorios específicos, debido a los altos costos
laborales que implicaba el sostenimiento de numerosos vendedores
directos. Aunque Singer mantuvo este esquema tan solo por diez
años, haciendo a Singer una de las
marcas
mas reconocidas en el territorio norteamericano, sembró las bases
del actual sistema de franquicias, habiendo sido ésta, una
Franquicia de
Producto
y Marca, dando origen a los elaborados sistemas de franquicias con
que contamos actualmente.
No obstante, el masivo uso del sistema de franquicias por el
sector privado comenzó en Norteamérica en 1865, al finalizar la
Guerra
de Sucesión, como forma de expansión de las actividades de los
industriales del norte en colaboración con viajeros y comerciantes
del sur y del oeste.
En 1898, la General Motors adoptó un sistema similar, ya que no
contaba con los
recursos
para abrir puntos de
comercialización
propios, viéndose en la necesidad de otorgar concesiones, sistema
exitosamente utilizado en la
industria
automotriz de hoy en día. Las compañías petroleras y de autopartes
siguieron el ejemplo de las dos anteriores, logrando con este
sistema expandir la distribución de sus productos, sin capital ni
riesgos
propios.
En esta misma época la industria de gaseosas comenzó a utilizar
igualmente el sistema de franquicias. En este caso, una
embotelladora (franquiciado) recibía el concentrado, o el derecho
a producir el concentrado, mediante la utilización de una fórmula,
junto con el derecho a producir las gaseosas, identificadas con la
marca del franquiciador y distribuirlas en un área exclusiva.
Tal es el caso de las compañías manufactureras, que en ausencia de
capital y de
personal
capacitado para desarrollar y operar establecimientos minoristas,
otorgaban derechos exclusivos de
distribución
a comerciantes independientes.
Por su parte, el franquiciador realizaba la
publicidad,
el
mercadeo
y otros servicios de apoyo, exigiéndole al franquiciado la
producción
de las gaseosas, obviamente bajo estrictos criterios de
calidad
previamente definidos.
En 1899, mediante la utilización de este sistema,
la empresa
Coca-Cola se convirtió en la primera embotelladora del mundo. Para
esa época, Coca-Cola operaba directamente sus fuentes de soda
donde expendían su producto. Sin embargo, algunos inversionistas
lograron convencer a la firma para que les otorgara el derecho a
proveerse, por parte de Coca-Cola, del concentrado necesario para
embotellar la bebida en las instalaciones del franquiciado, quien
se encargaría de distribuirla a nivel regional. El franquiciado,
absorbía así el 100% del
costo
de instalación se encargaba de su manejo, a cambio de recibir el
concentrado necesario para el producto y el apoyo publicitario
centralizado.
Conforme crecía la
demanda
del producto, los franquiciados de Coca-Cola vendieron a su vez
franquicias a otros. De esta manera, subfranquiciaron el negocio,
de forma que adquirían de Coca-Cola el concentrado que luego, con
un sobreprecio, revendían a sus subfranquiciatarios. De este modo
suplieron la falta de recursos y de habilidad administrativa
necesarios para llegar directamente a todo el mercado nacional.
En 1921, la empresa Hertz Rent a Car resolvió ampliar su
red
de distribución a través de concesiones similares a las
franquicias, siendo hoy, entre otras,
líder
mundial en el servicio de arrendamiento de vehículos, con mas de
370 franquicias otorgadas y 1076 puntos de operación de servicios.
Paralelamente en Francia, en ese mismo año, la fábrica de lanas
"La Lainiere de Roubaix" trataba de asegurar salidas comerciales
para la producción de una nueva planta y para tal efecto, se
asoció con un número de detallistas independientes ligados por un
contrato, que les garantizaba la exclusividad de la marca en un
sector geográfico determinado.
Por la importancia de estos hechos, ocurridos en Estados Unidos y
Francia en forma simultanea, es que muchos expertos en el tema
sitúan en 1929 el nacimiento del sistema de franquicias.
De nuevo son los Estados Unidos los protagonistas del desarrollo
de las franquicias, a mediados del presente siglo. El mayor
crecimiento de las franquicias se produjo después de
la segunda
Guerra Mundial.
Los diferentes factores sociales, económicos, políticos y legales
fueron los que hicieron que el periodo de la posguerra, fuera un
clima
propicio para el desarrollo de la franquicia. Una economía y
población
en crecimiento, crearon una rápida demanda de bienes y servicios,
y una oportunidad para desarrollar nuevas
empresas.
A mediados de los años 30, después de la gran
depresión
en el marco del gran dinamismo empresarial que ya vivía los
Estados Unidos, aparecieron en el mercado las franquicias de los
hoteles
y los restaurantes Howard Johnson, cuyo caso merece ser comentado.
Esta importante y conocida cadena se había iniciado en 1925 como
un negocio de helados, con un capital inicial de US$500, obtenido
de préstamos de terceros. El negocio evolucionó hasta llegar a
convertirse en una cadena de restaurantes exitosos, con la
característica singular de tener un techo naranja brillante.
El señor Jonson, ante la carencia de los recursos económicos
necesarios para inaugurar nuevos restaurantes, utilizó el método
de franquicia como sistema de expansión. Es así como celebró un
acuerdo de franquicias, con un compañero de
universidad,
mediante el cual se comprometió, por un lado a venderle helado y
otros productos relacionados con el negocio, y por otro a ayudarle
con el
diseño,
instalación y
supervisión
del restaurante.
Los franquiciados, no tenían experiencia previa en el negocio de
los restaurantes. Sin embargo, a través de las franquicias sus
dueños obtenían los beneficios que les otorgaba el franquiciador,
tales como la experiencia y la oportunidad de beneficiarse de las
ganancias de un concepto probado. A cambio Howard Johnson obtuvo
ganancias de los productos que vendió a sus franquiciados.
Igualmente el regreso de la guerra de miles de hombres ambiciosos
con conocimientos básicos, con poca experiencia en la creación y
dirección
de empresas, pero con intenciones de establecer negocios propios y
en ocasiones, estimulados por la facilidad de
financiamiento
que ofreció el Gobierno norteamericano de la posguerra, contribuyó
también a la consolidación de la figura.
El método de franquicias permitió que personas emprendedoras pero
inexpertas, pudieran comenzar sus propios negocios con
entrenamiento
y supervisión de un empresario, con un amplio
conocimiento
del negocio que pretendía franquiciar. Así mismo, los hombres de
negocios que tenían conceptos innovadores o experiencia en algún
campo específico, encontraron que por medio de las franquicias,
podían explotar estos conceptos sin el capital requerido para otro
tipo de negocio.
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